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El criterio: horas o medios

By May 27, 2026June 8th, 2026Uncategorized

«La vida del derecho no ha sido lógica, sino que ha sido experiencia». Con esta conocida frase comenzaba su famoso libro Common law el juez norteamericano O. W. Holmes hace ya ciento cuarenta y cinco años. Su idea era combatir a aquellos reducían el derecho a la aplicación lógica de las leyes. Holmes, en cuyas letras laten muchas horas de tribunales, consideraba que el derecho está íntima e inseparablemente ligado a la experiencia humana y a las realidades sociales.

En definitiva, pensaba que el derecho depende más bien del criterio prudencial del jurista; esto es, de la forma mental que acaba por desarrollar de mucho leer las leyes, sí, pero sobre todo de mucho bregar en los entresijos de la vida. La ley y la lógica no tienen ojos; no alcanzan a ver la realidad de cada caso concreto. Pero el criterio configura la mirada del jurista curtido y le permite ver las situaciones en su problemática jurídica a la luz de la ley.

Hace unos días, Lidia Zommer — socia directora de Mirada 360— escribía en Expansión un artículo titulado El criterio no se factura por horas. En él hablaba de la necesaria desaparición a través de la Inteligencia Artificial (IA) de la facturación por horas en los despachos de abogados: esta tecnología reduce el trabajo cuantitativo del despacho, trabajo que justificaba la objetividad de un determinado precio a ojos del cliente; entonces, ¿qué es lo que queda?

«Cuando el coste del error es alto, la tecnología no sustituye lo más importante: interpretar el contexto, tomar posición y responder por las consecuencias. Ahí muchas firmas comprobarán si su valor era estratégico u operativo. Al abogado se le empezará a valorar por aquello que resulta más difícil de automatizar: entender incentivos, leer dinámicas humanas, anticipar consecuencias, detectar riesgos que no están escritos y tomar decisiones cuando no hay una respuesta evidente. Lo que se paga, en definitiva, es la capacidad de ver el problema que el cliente todavía no sabe formular».

La respuesta de Lidia Zommer es clara. El criterio es siempre todavía lo que ningún automatismo lógico o tecnológico puede producir. La capacidad de juzgar la realidad del jurista es lo que siempre podrá ofrecer el Abogado, que no puede ser nunca sustituido por la acumulación de información de la IA. Se abre así un debate sobre el modelo de negocio que este cambio tecnológico plantea. ¿Cómo puede objetivarse para el cliente el valor de un intangible como es el criterio jurídico del Abogado?

El cliente mismo, antes de acudir al Abogado, ha buscado la solución que le ofrecen las diferentes plataformas de la IA. Pero sabe que el derecho no se resuelve de manera puramente lógica, que los negocios y los Tribunales tienen una densidad humana que no puede recoger la tecnología. Como sabe también que los Abogados cuentan con plataformas especializadas que vuelven más eficaz su trabajo, acercándole más cantidad de información en menos tiempo; pero es consciente del valor que tiene que toda esa información sea leída por alguien con un criterio formado.

Ciertamente, la abogacía no llega a ser un negocio por las cantidades de horas que exige cada problema del cliente. En realidad, salvo alguna justificada excepción, la abogacía nunca debió facturarse por horas; tampoco antes de la IA. Entre otras cosas, porque los problemas de los clientes difícilmente se quedan en las horas del despacho. La vocación del Abogado siempre es más larga que la profesión y que el negocio. Ni al Abogado ni al despacho le salen nunca las horas.

El criterio no se forma y no se ejerce en horas y minutos. El criterio se desarrolla y realiza en un medio determinado. Este medio es el despacho. En él hay medios materiales y humanos, conocimiento, tecnología y tiempo de dedicación, pero lo que le define como medio es precisamente el trabajo conjunto de los Abogados. En el despacho los Abogados discuten los temas y plantean cuestiones entre sí y comparten criterios. El despacho es así también el medio que asegura la formación de los que están aprendiendo el oficio; pues, en la inmersión en este medio forjan su criterio a través de la experiencia y el criterio de los que le han antecedido.

En definitiva, el despacho es el medio sin el cual no se desarrolla y no se ejerce el criterio. Este es el coste objetivo de la abogacía, especialmente en estos tiempos en los que nace la IA. El valor de la abogacía que el mercado puede medir está en la relevancia de estos medios en los que el factor humano del criterio puede ejercerse con rigor y eficacia. En eso consiste la profesión y el “negocio” de la abogacía en Lopezmarqués.

Carlos Pérez Laporta

Lawyer in Lopezmarqués.

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